Sus miradas perdidas
patinan sobre cristales
que se empañan
con el pasar del tren.
Sus cuerpos soñolientos
son residentes
de la veloz máquina,
sus cabezas ausentes
ruedan por el riel.
Yo soy un espectador,
y los miro
o me escondo en mis libro,
pero sus cabeseos
impiden la concentración.
No queda nada,
mas que cerrar los ojos
o patinar por el cristal
con la mirada.
6 nov 2007
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